Sobre mí

Me encantan las bicicletas y estoy agradecido por haberme enganchado a ellas  porque desde entonces, todo lo bueno de mi vida ha ido a pedales. 

Monto en bici desde que era un niño y me cuentan que mantengo el equilibrio  desde los 3 años. 

Para serte sincero no me acuerdo de eso, pero de lo que me acuerdo es de mi  primera bicicleta, era una Cil de paseo, heredada de alguien, nunca supe de  quién… 

Con ella hice mis primeras prácticas de mecánica porque mi abuelo, un tío  grande, me enseñó a parcharla y esa fue probablemente la primera bicicleta  con mousse de la historia. 

¿En serio? 

En serio. 

Tenía 8 o 9 años, los veranos eran largos y se acabaron los parches, corté un  trozo de manguera, dura y con un tamaño suficiente como para rellenar el  espacio de la cámara de aire y con ese invento, convertí la rueda trasera de mi  bici en una rueda a prueba de cualquier camino rural y pude completar mi  verano a pedales. 

Después de eso llegó mi primera bici de verdad, la mía, la nueva, la que veía desde fuera en la tienda de bicis de mi barrio y con la que soñaba… ¡Una  Bicicross BH! 

Del día que entramos mi madre y yo para comprarla todavía recuerdo el olor a  goma nueva que había dentro de ese local.

La Bicicross BH se merecería un capítulo porque me acompañó varios años. 

Con ella descubrí la amistad de verdad, la de las aventuras entre amigos y el  dolor de rabadilla cuando me fui de espaldas por venirme arriba con mis  primeros caballitos. 

Se rompió, me la soldaron, la pinté. Todavía la conservo, está hecha un cromo  pero ahí está. 

En mi primer año de instituto, antes era cuando cumplías 14, tuve la suerte de  conocer a un chaval que pertenecía a una familia de ciclistas, de ciclistas de  verdad, de los que montaban en bicis de carreras e iban a competiciones. 

De esa amistad llegó mi primera bici de carreras, una BH L6000 de segunda  mano, que, viniendo de mi Bicicross, flipé con lo que corría… Y enseguida mi  primera MTB. 

Aquí era el principio de las bicicletas de montaña, estamos hablando de 1989 y  envuelto en este ambiente deportivo descubrí otro mundo. 

Los Kilómetros que hacíamos por carretera me parecían ciencia ficción y me  hicieron consciente de la autonomía que se puede llegar a tener en una  bicicleta. 

Y en el monte, eso es otra historia…  

Rodando por la montaña me sentía como si estuviera participando en un París Dakar y fantaseaba con que podría llegar a ser deportista profesional 

Pero también descubrí que tenía habilidad para reparar mi bici… Quizás por necesidad, pero lo descubrí.

El presupuesto para bicis en casa se había terminado, pero con el uso, que era  bastante intensivo, las bicis se estropeaban y había que solucionar como fuera. 

Es justo reconocer que mis tenderos me ayudaron a entender detalles básicos,  algo por lo que siempre les estaré agradecido. 

Pero no sólo por eso, sino porque vieron algo en mí y me propusieron trabajar  con ellos un verano.  

Y después de uno, otro. 

Creo que esto está prescrito y por eso lo puedo contar. 

Tenía 16 años. 

Antes te ponían a currar sin contrato, yo cumplía con media jornada de mañanas y me daban algo de dinero por hacer cosas básicas para aliviar el trabajo, pero como estaba atento, aprendía mucho… 

Ahora les podría caer un paquete, pero antes molaba, yo estaba aprendiendo un oficio, me ganaba un dinerillo que me valió la vida y ellos podían dar más servicio. 

Todos ganábamos. 

Estaban a tope, eran muy buenos, y yo, pues yo empecé lavando muchas bicis, pero no las lavaba de cualquier manera, me enseñaron a lavar bicis, a lavarlas de verdad. 

Aprendí mecánica desde la base más básica. 

Eran 2 socios.

Uno maestro tornero, un monstruo de la mecánica y del uso de la herramienta. Lo mismo pintaba un cuadro, que lo alineaba o que lo pegaba con epoxi cuando se separaban los tubos, sí, hubo una época en la que los cuadros de aluminio o carbono se construían con tubos pegados a unos racores, una solución de fontanería aplicada al desarrollo de las bicis… Jaja 

A éste le vi solucionar averías que parecían irreparables. 

Su máxima era que las bicis tenían que funcionar al 100% y si era reparable, no se cambiaba algo por cambiar. 

Era práctico y tenía un tacto increíble para manejar la herramienta, con una precisión y una decisión que era admirable. 

Me flipaba verlo trabajar, resolver… 

El otro era un deportista de la leche, casi había sido profesional, y casi con seguridad aprendió mecánicamente mucho del primero pero su firma era otra, era el detalle, el detalle era su obsesión, además de funcionar al 100% tenía que quedar bonito…  

También era un loco del peso y hacía ingeniería en sus bicis quitando material con brocas y limas de donde él sabía que no era necesario. 

Gustándome como me gustaba lo que hacía y con estos maestros, Increíbles por cierto, la mecánica de bicicletas se convirtió en mi forma de vida. 

¡Ya con contrato, oiga! 

De varios años de mecánico y conociendo cómo se vive el ciclismo y el negocio  desde dentro de una tienda, a comercial de bicis.

Vaya aprendizaje… Otro mundo dentro del mismo. 

Entendí muchas cosas, conocí detalles de la industria casi desde dentro y  también a muchos profesionales, algunos muy buenos, amantes de las  bicicletas, de esos que honran su oficio y respetan a sus clientes. 

Y otros que, quizás, por el bien de la reputación del sector, nunca se tendrían que haber dedicado a esto… 

“He visto cosas que vosotros no creeríais…” 

Con el nacimiento de los hijos, pasar tantos días fuera de casa dejó de ser tan divertido como antes y renuncié al trabajo de comercial, que realmente me gustaba.

y monté mi propia tienda taller, que en menos de 2 años evolucionó prácticamente a sólo taller. 

Busqué ampliar mi servicio para dar el soporte que me pedían, e hice las formaciones profesionales que me parecían imprescindibles tal y como avanzaba el sector, y que estaban a mi alcance. 

Biomecánica 

Horquillas y amortiguadores 

Y por supuesto, mucho de autodidacta, porque una vez que tienes la habilidad  mecánica y entiendes el funcionamiento de los componentes, eres capaz de  hacer prácticamente cualquier mantenimiento que te propongas. 

En esta etapa ya empecé a hacer algo de formación con mis clientes y lo hice porque estaba convencido de que todos ganábamos si compartía mi  conocimiento. 

Todos ganábamos.

Principalmente yo ganaba tiempo y es que el tiempo, como sabes, es lo único  que no se puede comprar, pero mis clientes además de tiempo y ahorro de  dinero, ganaban confianza y autosuficiencia. 

Mejoraba su experiencia y mejoraba nuestra relación… 

“Ahora sé que con mucho menos puedo tener la bici que quiero”

“Ahora sé lo que necesito de verdad y lo mejor de todo, cuándo lo necesito”

“Ahora sé valorar y cuidar lo que tengo” 

Ahora sé que la mecánica evolucionó mucho pero que entendiendo lo básico,  está al alcance de cualquiera que tenga un mínimo de habilidad y que es fácil. 

Ahora sé que quiero compartir todo mi conocimiento desde esa base que me enseñaron cuando se vivía con menos prisa. 

Desde cuando me dedicaba a lavar bicis y a radiar ruedas en serie, mientras  veía como a medida que aprendía, ganaba galones y me confiaban trabajos de  más precisión y más responsabilidad. 

Y lo más importante… ¡La alegría! 

La alegría que sentía mientras me empezaba a ganar el respeto de todos los  clientes, incluso de los más exigentes. 

Porque de eso se trata, de ser más que responsable y hacer las cosas para los  demás o para ti mismo como realmente te gustaría que se hicieran. 

Pues esto es lo que quiero compartir.

Es una evolución lógica, tengo 50 años y por lo que me cuentan compañeros  de bici, estoy seguro de que hay más usuarios necesitando buenos  profesionales que profesionales buenos hay para dar servicio de confianza. 

Se necesita un relevo generacional en muchos talleres y más usuarios con  información real y mi aportación al mundo de la bici, que me dio mucho de  lo que soy, será enseñar todo lo que aprendí a lo largo de estos años. 

¿Me acompañas?

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